Sentí vértigo al asomarme a su ventana de piedra, miraba hacia el suelo lejos cada vez más lejos de mí, como pequeños puntos la
gente se movía de un lado al otro, pero continué, apoyando mi pecho en
la barandilla, atravesé mi cuerpo hasta que los pies sintieron la
cornisa ondulada. Agarrada todavía en el murete me deslizaba rígida y
temblorosa hacia el lateral, tratando de llegar al final de la ventana,
sollozaba y restaba lógica a lo que hacia cada segundo que pasaba, ya en
la lejanía , con 10 pisos de peligro bajo de mi, me sentí libre y
segura, el monstruo se percato entonces de que me escapaba y se asomo a
la ventana emitiendo un gruñido que hizo temblar los tabiques del
edificio, y yo cada vez mas agarrada a la pared sin atreverme a mover ni
un dedo, debía bajar, pero no sabia como , no había ni cuerdas , ni
escaleras , ni la pared tenia salientes donde agarrarme, en lo único que
pensaba era en salir de esa habitación, de esa cárcel donde hacia años
me había dejado prender yo misma, y el monstruo seguía ahí, acechando en
el alfeizar, me tendía la mano y me decía:aquí estas segura , conmigo
estas a salvo.
Podía seguir esperando a que me rescatasen y volver
a entrar dejar de sentir el vértigo de la nada entre el suelo y yo …era
tentador, jamás me había dejado sin comida ,ni agua, siempre tenia un
sitio donde dormir, pero si que dañaba algo, cada atardecer entraba en
mi habitación y se comía mi tiempo en un plato de cobre junto a la
chimenea, como un delicioso manjar , a grandes cucharadas lo oía crujir
entre sus verdosos dientes, hasta que no quedaba ni un segundo.
Le
conteste que no, alguien dentro de mi le decía que no, una parte de mi
harta de alimentarse de la venenosa cobardía, le decía que no. Cuanto
mas se enfurecía el, mas miedo tenia yo, y mas temblaban los cimientos
de la casa. Cuando de pronto me di cuenta de que cada vez oía sus quejas
desde mas lejos y mas bajo, Decidí cerciorarme otra vez de la altura y
cual fue mi sorpresa cuando vi., que estaba a ras del suelo, y que el
monstruo seguía ahí arriba, gritando ya casi sin voz. No entendí lo que
ocurría hasta que solté el muro y leí la inscripción escrita donde había
estado apoyada, “la cobardía nos mantiene cautivos es el valor que nos
hace libres” al leerlo caí en la cuenta, de que en eso consistía el
hechizo, no en esperar a que viniesen a rescatarme sino en rescatarme yo
misma.
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