Y es que a
los… llamémonos “¿creativos?” nos aterroriza que las musas nos
abandonen, esa parálisis de lo hoja o el lienzo en blanco con la
incapacidad de comunicar todo aquello que queremos decir. Y tenemos
tanto que decir...
¿Quienes son las musas?, yo las veo
como seres bellos y eternos que nos inspiran, y nos guían, y siempre
están ahí, no creo que cojan vacaciones, más bien somos nosotros los que
les compramos un billete de avión y las alejamos.
Y es que a las musas hay que mimarlas, son caprichosas y requieren cuidados, adoran el silencio ese es su idioma “el silencio de nuestra soledad decidida”
es la entrada a su mundo de iluminación. Ahí encuentro yo a mis musas,
por calles viejas que han visto ya tanto, por los silenciosos muros de
piedra húmeda, en el olor al tiempo encapsulado, en una canción que
suena en mi mp3 una y otra vez durante horas casi como una oración que
me permite pasar de mi consciente lleno de problemas rutinarios al
inconsciente ese en el que vive lo real, lo que vale la pena.
En
el cuadro de un artista inspirado por las musas queda su esencia, su
intuición, su inspiración y si lo miramos y lo examinamos a conciencia
durante un tiempo podemos hablar con ellas preguntarles tantas
cosas,casi como si de un Mandala se tratara conectamos con las sabias
que nos hablan desde el pasado y nos acunan suavemente hacia la
sinceridad de nuestro ser canalizando nuestro propio yo hacia esa hoja
de papel que te grita en silencio “no me dejes desnuda”.
Las musas no se van de vacaciones, solo que a veces no empleamos el tiempo suficiente para escucharlas.
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