jueves, 2 de mayo de 2013

Cuaderno de vitacora

Navego por las enrevesadas aguas del asfalto , aprendiendo donde pisar sin tropezar. No siempre lo consigo. Llega el tren , sus ruedas oxidadas chirrían al frenar ,agarraran la vía y suelta un suspiro de descanso . Ya en su barriga de hierro , miro a mi alrededor. Todos distintos , todos tremendamente iguales, todos quietos con cabezas movidas en ideas, preocupaciones y sueños, con los ojos hundidos en el minimo teclado del móvil quemando el tiempo. Y un silencio de biblioteca convierte el tambaleo del tren en ensordecedor. El tiempo este como yo... Indeciso , y con el los estornudos suenan a orquesta agotada de tiempos grises.
Y yo pienso en la noche pasada cuando mi cama era la de un faquir y yo un equilibrista . Buscando el ricon cómodo que se que tiene mi cama y mi cabeza. Esta mañana algún duende de mi bosque debió oír la suplica y cambio el colchón por uno de plumas y la colcha con cálida seda, tan cómoda era que ni el despertador se atrevía a sonar para no molestarme. Llegó tarde el duende para hacer mi cama y yo al tren buscando la salida de mis sabanas, pero solo un poco , lo suficiente para tener prisa y tomar mi cafe en un terrible vaso de cartón. Nada mas. Creo que se le llama astenia primaveral , el agotamiento y cierto grado de melancolía, provocado por la falta de adaptación tras el invierno . Incluso para estar a la temperatura y presión adecuada hay un tiempo catártico recuerdo y me sonrío en silencio al recordar que todo requiere su espacio y desde luego su tiempo.

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