Y no estaba para consolarme,
Y lo busqué en la tumba de la alegria,
y donde los sueño se acaban,
Pero no cogió mi mano.
Le grité socorro en un suspiro ahogado,
En el bullicio del silencio oscuro,
No hallé sus cálidos brazos .
No Arroparon mis lagrimas grises,
Simplemente no estaba....
Y entonces desperté,
Y al mirarme al espejo,
Justo entonces,
Lo encontré.
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